martes, 27 de marzo de 2012

SEXTO ESTIGMA: LA VOZ DE CRISTO.


“Hay veces en que al despertar tengo una canción pegada en mi oído, recuerdos sin duda de una melodía repetitiva que escuche el día anterior. Hay días en que suena fuerte, y otras apenas y recuerdo la letra de ella, la constante es que me la paso ya sea cantándola o tarareando y ahí se queda, como una nostalgia intima que suena a música. Pero hoy desperté con una canción extraña, no era mía, no la había escuchado, y según las paginas que investigue… no existe. Cada que la canto o la silbo, alguien se arrodilla ante mí y me besa la mano, como si se rindieran al encanto doblegador de algún hechizo desconocido, otros asienten a lo que digo como si les dijera algo. Pareciera que tengo razón a todo lo que digo, y esto lo comprobé de la manera más funesta ¿Creerán que si salto cuando le dije que saltara del edificio? Esto no me parece nada bueno y he decidido ponerle solución a mi problema, por eso me rodee de doctores con rosarios y sacerdotes con estetoscopios con lupas. Dicen que hay algo dentro de mí que no tiene explicación, dicen que estoy hablando en idiomas extintos y que posiblemente esa canción que tengo en mi oído sea una especie de evangelio perdido, dicen que hay algo en mi cerebro que me impide escucharme en la lengua que realmente hablo, dicen que soy un emisario, dicen que hay una complejidad anormal en mi vocabulario, dicen que no tengo explicación, dicen mucho… y ya no soporto”. “Cansado digo ¡¡¡Silencio!!!, todos guardan silencio y se toman sus cuellos como si les faltara aire… después caen al suelo fatalmente”.
“Decido salir del cuarto y dejarme llevar por la melodía en mi oído. Salgo y canto, y la gente a mí alrededor se reúne para escucharme cantar”
“Después… ya no hay nada más que eso”.

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