No quiero dejar de aplaudir mientras haya actos que promuevan este gesto de agradecimientos, pues se y estoy seguro, que los aplausos, mas que un regalo a las alegrías provocadas, son un agregado fugaz, intimo y anónimo a las ejecuciones gustosas. ¡Bravo por los hombres, bravo por las mujeres que actúan y se enfrentan al teatro de la vida!
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