jueves, 15 de octubre de 2009

MILAGROS DURANTE LA GUERRA CONTRA UN ENEMIGO CONOSIDO.


Fui víctima, como otras tantas veces, de la irresponsabilidad de las fuerzas militares de mi país. Pues una buena mañana (o en lo que parecía una buena mañana) en que me despertaba para realizar las rutinas diarias que cada amanecer me presentaba, pude ver como en el cielo se apartaban las nubes y un gigantesco resplandor, vestía de luz el aun virgen cielo de la ciudad de Chicago Illinois. Era hermoso, no podría describirlo, pues mis palabras se atoraban en mi garganta emulando convulsiones espasmódicas. Todo era fabuloso. Después, y entre las nubes, una apenas visible imagen humana salía a llenar de sentimientos y milagros espontáneos, esta tierra de toros rojos. El vagabundo ciego de la cuadra comenzó a dar gritos de alegría mientras pronunciaba hasta el hartazgo las palabras -¡Milagro, milagro!, sobre los techos, automóviles, columpios, cemento, aceras, y hasta en los lugares menos insospechados, flores comenzaron a crecer, unos se quedaron de pie (a si como yo), pero muchos cayeron arrodillados y hacían reverencias al objeto ese que iluminaba los cielos. Los milagros y las manifestaciones insólitas se habían apoderado de este lugar.



Por suerte dos f18 surcaron rápidamente los cielos (me contaron después, que nuestro gobierno había detectado este objeto en los cielos estadounidenses, alarmados y con un fuerte miedo a un ataque enemigo, decidieron actuar sobre esta inminente amenaza) y una maravillosa y trágica explosión dio fin a esta sobrenatural serie de eventos. El olor a rosas quemadas apesto el ambiente de nuestra nublada (ahora) ciudad. Y la gente que lo había presenciado todo, grito, lloro y pataleo, el desconsuelo los había reinado. Sin embargo, nada de lo que había vivido, y ni mucho menos lo que recientemente había presenciado, me había preparado para el siniestro del que sería victima momentos después de que el humo se disipara de los cielos. Una gigantesca cruz de madera ardiendo en llamas, caía sobre mi casa, aplastándola y destruyendo consigo, las pertenencias que durante mi vida había logrado. Estupefacto y boquiabierto, miraba como mi patrimonio se iba al carajo, mientras los soldados de mi país celebraban una victoria plena.

1 comentario:

Salazar Craft dijo...

El ciego de la manzana fuè alcanzado por una mano carbonizada que le golpeò justo en la nuca, esa mano llevaba clavada un objeto metàlico incandescente qu perforò hasta el lòbulo occiptal (centro de procesamiento de la vista en el cerebro) y cayó noqueado. luegode algunas intervenciones quirurgicas se logrò salvarle la vida, pero se determiò que no podrìa volver a ver a pesar de habersele curado "milagrosamente" las cataratas que padecìa y de las que no se encontràron rastros.
La señora Isabel Bellet, de 58 años, dedicada diabética la jardinería, de pronto viò atònita como su vergel se inundaba de los maravillosos colores y aromas de repentinas flores primaverales que se levantaban cual durmientes que despiertan de pronto solo para cantar las glorias del Dios de las buenas personas. Su maravilla no tenìa lìmites, pero pronto su alegre asombro resultò interrumpido por un fuerte estruendo en el cielo. Antes de poder reaccionar, cual meteoro, una cabeza incinerada chocó contra el jardín, pocas fueron las plantas que quedaron en piè, no por la fuerza del golpe, sino porque estas simplemente se marchitaron luego de que la cbeza en llamas gritara: "Padre, ¿por qué me has abandonado? ¡¡debiste mandar a Gabriel!!"